Exposiciones

viernes, abril 21, 2006

Para cuando me faltes


Para cuando me faltes
Enséñame a comer en otras manos,
a no escribir poemas con tu huella,
a apagar toda luz que tú encendiste,
a separar el ruido de tu nombre
de las cosas soñadas, de las cosas queridas.

Haz un tiempo para hablarme del olvido,
del dolor de la pérdida,
de la música que no escuchamos,
la flor sin aroma...
y de cómo sería una madrugada sin tu piel.

Enséñame el camino desandado,
el reloj que nunca se detuvo,
las lágrimas que no entendiste,
los días que se fueron,
el significado de lo prohibido
y el arte de escapar de tu sonrisa.

Créame, si existe,
un paraíso que no choque con el tuyo,
una vida cuya esencia no es tu vida,
una intensidad sin tu mirada,
otro sol, otra salida y otra boca.

Aléjame de todos los rincones
porque todos me conducen a tu ausencia,
de las palabras dormidas que nunca se dijeron,
de las promesas que hicimos a escondidas.

Aléjame del mañana si no es contigo
y del ayer porque un ayer me despreciaste,
del ansia que reflejo en cada instante
y del triste placer de compararte.

domingo, abril 16, 2006

DUERMEVELA



Se va la tarde lenta y pegajosa de esta extraña primavera, quizás la primavera es normal como cualquiera de años pasados, Lo extraño son los acontecimientos después de una ruptura terminal, a veces hay rupturas pasajeras que se vuelven cotidianas y de costumbre, como tomarse un Té en una tarde invernal a la visita de algún amigo. Pero lo extraño de esta ruptura, es que entró como tromba con ruido de locomotora sin destino aparente, llevándose consigo sueños e ilusiones, proyectos y aparejos de una vida común.
Entran las sombras alargándose por todos los resquicios de la casa, la procesión va por dentro, lenta carga de monotonía de movimientos, de pasos silenciosos para evitar ruidos que produzcan malestares. Allí, espera sentado en el sofá cama, cuerpo hambriento y desganado, la llegada de la duermevela. Ya no sueña, ya no espera. La sombra lo atrapo como destino final a la llegada de un nuevo día, que se repetirá incesante en el tiempo.
Oye el abrir de una puerta y sonidos de pasos en el pasillo que se acercan, por un momento piensa y desea mirar su rostro hasta encontrar su mirada. Los pasos toman otra dirección y sigue aletargado de fiebre y cansancio su cuerpo yaciente en ese sofá cama, que se ha convertido en su lecho de desamparo. Atrapa los sonidos de preparación de cena, cena para tres, antes cena para cuatro. Los pasos desandan el mismo camino abriendo puertas de habitaciones que esperan como jauría ese alimento.
El silencio atrapa los sonidos y queda allí, silente, una lagrima de despedida surca su rostro curtido de desesperanza y resbala hasta el cojin hecho almohada que la guardara para siempre dentro de esa sala hecha dormitorio portátil. Allí yace el amor.